2002:
Jess: Yo, ¿estudiar Periodismo? ni de a balas. Estar ahí parada peleándome por una noticia o por una entrevista para que todos me apachurren. No hay forma.
2006: Escribir? Escribir de qué? No tengo nada sobre qué escribir. A parte no sabría cómo comenzar ni por dónde. Eso es para románticos, yo tengo muchas cosas de las cuales preocuparme primero, tengo que trabajar y trabajar y trabajar en un Banco, tal vez. Ganar más plata, ser reconocida, comprarme carro y eso que todo el mundo hace.
2010:
Jess: Yo, ¿escribir sobre música? no lo creo. La gente que escribe de música sabe un montón. Usa los términos adecuados, sabe de instrumentos musicales si es que ya practica uno. Son como William Miller en "Almost Famous". No, no puedo; es algo que nunca haría.
2011:
Jess: Yo, ¿hablar o escribir de cine? no way. No soy tan cinéfila, no sabría de qué hablar, además no soy de las que analiza escena por escena. No entiende mucho el lenguaje cinematográfico y ni hablar sobre escribir un guión de cine. Además a nadie les gustaría las películas de las que hablo.
Año Junio 2013- Hora: 1:30 a:m.
(con un deadline para entregar un artículo de la película "Almost Famous" a la revista cultural Sub-urbano.com)
Jess: No vuelvo a decir nunca en mi vida.
...
Producto de una inexplicable ganas de escribir a altas horas de la noche, este blog nace un día..mejor dicho una noche como hoy a las 00:26 horas entre la convivencia complicada y no pacífica de tres personalidades ... la redacción es de Jessica pero en este caso quien ganó fue Jess .
sábado, 15 de junio de 2013
Nunca
Etiquetas:
Cosas de la vida...,
Hopes and Dreams
domingo, 4 de noviembre de 2012
Silencio
Ellos estaban sentados juntos, ambos callados, en silencio, sus brazos rodeándola, su aliento que aparecía y desaparecía creando un pequeño y sutil revuelo en su pelo, la música de fondo, alumbrados por una lámpara antigua, gigante cuya pantalla de tela y retoques antiguos generaba una luz tenue pero iluminaba a su audiencia bajo un halo de luz casi infranqueable.
Ahí estaban ellos dos, juntos, callados. Ella se preguntaba si podría caber la posibilidad que El se estuviera aburriendo, si El tenía miedo, si El sentía lo mismo. Su cerebro se preguntaba, en ese silencio melódico, qué podría estar pasando por la cabeza El en ese preciso instante. "Quisiera meterme en sus pensamientos" -se decía, pero no osaba a pronunciar ninguna palabra, ninguna frase, ninguna indirecta. La voz de su cerebro se convertía, pregunta tras pregunta, en ese acorde discorde, en ese grillo leve pero constante que trastocaba la noche.
De pronto, El se incorpora y la aleja de sus brazos. Ella lo mira sin pronunciar palabra como esperando las palabras de El, la respuesta a sus interrogantes, la decisión final, el cierre, el fin de la historia, el fin de su historia. El, por su parte, la mira de vuelta, le sonríe y dirige su mirada al libro gordo y viejo que los acompañaba, como testigo de cada uno de sus encuentros. Al abrirlo, sus hojas emanaron un olor antiguo, amarillento, húmedo. Ella alerta e interrogante, solo atina a seguir el vaivén de su cuerpo dirigido por los brazos de El que la situaron en el mismo lugar donde estaba antes, guarecida de sus brazos y acompañada de un libro gordo y viejo,. El sin palabra alguna, sin esperar pregunta, comienza:
"Encontraría a La Maga ?. Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río que me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua. (...)"
Ella, ahora, lo entiende todo, respira profundamente en señal de descanso, su mente se acalla y se arrulla con el sonido de la voz de El. Esa noche no era la noche, esa noche no era el fin de la historia, esa noche su hermana duda, una vez más, les daba a El y a Ella un claro y duradero respiro. Ella, mañana, sabría que recordaría la música, la luz de la lámpara antigua, sus brazos, el libro gordo y viejo y a El por el resto de su vida.
Ahí estaban ellos dos, juntos, callados. Ella se preguntaba si podría caber la posibilidad que El se estuviera aburriendo, si El tenía miedo, si El sentía lo mismo. Su cerebro se preguntaba, en ese silencio melódico, qué podría estar pasando por la cabeza El en ese preciso instante. "Quisiera meterme en sus pensamientos" -se decía, pero no osaba a pronunciar ninguna palabra, ninguna frase, ninguna indirecta. La voz de su cerebro se convertía, pregunta tras pregunta, en ese acorde discorde, en ese grillo leve pero constante que trastocaba la noche.
De pronto, El se incorpora y la aleja de sus brazos. Ella lo mira sin pronunciar palabra como esperando las palabras de El, la respuesta a sus interrogantes, la decisión final, el cierre, el fin de la historia, el fin de su historia. El, por su parte, la mira de vuelta, le sonríe y dirige su mirada al libro gordo y viejo que los acompañaba, como testigo de cada uno de sus encuentros. Al abrirlo, sus hojas emanaron un olor antiguo, amarillento, húmedo. Ella alerta e interrogante, solo atina a seguir el vaivén de su cuerpo dirigido por los brazos de El que la situaron en el mismo lugar donde estaba antes, guarecida de sus brazos y acompañada de un libro gordo y viejo,. El sin palabra alguna, sin esperar pregunta, comienza:
"Encontraría a La Maga ?. Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río que me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro a veces detenida en el pretil de hierro inclinada sobre el agua. (...)"
Ella, ahora, lo entiende todo, respira profundamente en señal de descanso, su mente se acalla y se arrulla con el sonido de la voz de El. Esa noche no era la noche, esa noche no era el fin de la historia, esa noche su hermana duda, una vez más, les daba a El y a Ella un claro y duradero respiro. Ella, mañana, sabría que recordaría la música, la luz de la lámpara antigua, sus brazos, el libro gordo y viejo y a El por el resto de su vida.
martes, 24 de enero de 2012
"Mátame"
"Esa cosa terrible de los tímidos que hace que uno sepa que si no dice
lo que siente en el momento en que debe decirlo se va arrepentir toda la
vida, pero igual no lo dice."
Jeannie Miller -Mempo Giardinelli.
Ella lo vio y lo reconoció.
Ese pelo desordenado entre rubio y castaño claro, las cejas pobladas, la mirada
preguntona y esa forma de caminar tan particular, hizo que todo volviera a su
memoria. Sí, Ella sabía quién era y mientras sus miradas se cruzaban, en plena
calle miraflorina, Ella supo que El también la había reconocido. El bajó la
mirada mientras Ella, más osada, lo observaba, como tratando de convencerse al
100% que era El, que era el mismo de hace 15 años.
Ella se dijo: Si me lo encuentro de nuevo y
solo, le hablo.
Varias semanas después,
Ella se encontraba a punto de cruzar la pista de la misma calle miraflorina,
cuando divisó a El acercándose, caminando, absolutamente solo.
Ella
lo miró, El la miró. Ambos se reconocieron una vez más.
El caminó más lento, Ella
lo siguió con la mirada.
El esperó.
Ella cruzó la pista.
El siguió caminando.
Ella, también.
Y
mientras Ella, del otro lado de la pista, lo observaba alejarse con una
lentitud que aletargaba cada segundo de ese instante, Ella sacó su celular y
escribió a su mejor amiga "Mátame".
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